Covid-19, una nueva barrera para la igualdad en la ciencia

Covid-19, una nueva barrera para la igualdad en la ciencia

Como crisis global, la pandemia le afecta a toda la sociedad. Y la ciencia, como parte integrante de ella, no es una excepción. Sin embargo, como casi siempre, el género marca una diferencia sustancial en la manera en que altera nuestras vidas. Esta cuestión ya se puso de relieve en la celebración, el pasado mes de febrero, del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. En aquel momento, Naciones Unidas alertaba tanto del papel decisivo de la mujer en la lucha contra la pandemia como de su mayor exposición a las consecuencias de la Covid-19. En la Unidad Mujer y ciencia hablamos del tema en un reportaje que se puede consultar aquí.

La Unidad de Mujeres y Ciencia, organismo dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, publicó a este respecto un informe donde analiza las consecuencias de la pandemia con una visión de género. El documento, titulado Género y ciencia frente al coronavirus, señala que “la crisis sanitaria, económica y social global a consecuencia del Sars-cov-2 no está siendo neutra en términos de género”. De hecho, la incidencia de la enfermedad entre el personal sanitario muestra una sobrerrepresentación de mujeres, especialmente por su papel clave en profesiones como la enfermería. Igualmente, el personal femenino es más numeroso en otros trabajos que estuvieron en primera línea, como la educación, la limpieza, el cuidado de colectivos de riesgo o el personal sociosanitario. 

Ahora que se empieza a ver la luz al final del túnel, gracias en gran medida a las vacunas, es momento de analizar como la Covid-19 afectó a los distintos colectivos. En el caso de las mujeres, se detectó que el impacto de la crisis complicó aún más la conciliación familiar y aumentó los casos de violencia machista, especialmente durante el periodo del confinamiento. Otro factor relevante tiene que ver con la disponibilidad de tiempo por parte de las mulleres científicas para publicar en revistas o participar en congresos y reuniones en línea. La necesidad de compatibilizar el trabajo con las tareas domésticas o de cuidado hizo que en un periodo breve de tiempo ya se apreciase una diferencia clara entre lo que ellas publicaron, o enviaron para publicar, y lo que hicieron sus colegas hombres.

Esta situación se puede ejemplificar con las publicaciones en el ámbito médico, fundamental en este momento de pandemia. Un equipo de la Universidad de Michigan revisó los trabajos publicados entre enero y junio de 2020 en un grupo de revistas y concluyó que el porcentaje de primeras autoras disminuyó en un 14% con respecto a 2019, porcentaje que sube al 23% entre marzo y abril, cuando el pico de la epidemia era más alto. Otro trabajo de la Universidad de Oxford constata que las mujeres representan solamente el 34% de las publicaciones en PubMed sobre coronavirus. Resulta especialmente interesante la herramienta creada por la profesora Cassidy Sugimoto, de la Universidad de Indiana Bloomington, que monitoriza en tiempo real si la tendencia varía o no con el paso del tiempo y la evolución de la pandemia. Puede consultarse aquí. En este otro trabajo, de BMJ Global Health, se analiza esta desigualdad para concluir que las mujeres solo son autoras de un tercio de las publicaciones.

La carga de trabajo exigente del ámbito investigador incluye no sólo la publicación, sino también la docencia, la atención a estudiantes, la dirección de tesis, proyectos, justificación de fondos, divulgación y visibilidad, que no se pudieron atender en igualdad por la asignación de las tareas del ámbito familiar mayoritariamente al colectivo femenino. Si bien el teletrabajo se mostró como una herramienta útil durante el confinamiento y por las restricciones de movilidad, no es una medida de conciliación, solamente un instrumento más de flexibilización laboral.

El informe propone una serie de actuaciones para reforzar la consecución de la igualdad de género en materia de ciencia, medidas que deben realizarse en colaboración con todos los agentes del sistema estatal de I+D y las redes de género y ciencia. Dichas medidas incluyen el análisis en profundidad por parte de los agentes financiadores de proyectos científicos de cómo el impacto de la pandemia afectó a las carreras científicas de las mujeres. En ese sentido, las convocatorias deberían exigir una representación equilibrada de líderes de proyectos en las propuestas científicas, una composición equitativa del equipo investigador, estadísticas desagregadas por sexo de la productividad científica, medidas temporales para evitar el denominado muro de la maternidad en las carreras profesionales, limitar las exigencias de movilidad internacional incompatibles con la vida personal y familiar, y promover la existencia de planes de igualdad y protocolos frente al acoso sexual y por razón de sexo en las instituciones receptoras de las ayudas.

El documento apuesta igualmente por introducir varias líneas de actuación. La primera se refiere a la incorporación de contenidos de género en la formación metodológica del personal predoctoral, “de forma que la dimensión de género llegue a todos los proyectos de investigación de forma sistemática y con la calidad que requiere”. La segunda es el establecimiento de mecanismos de seguimiento y evaluación “de la integración del análisis de sexo/género en todas las fases del proceso investigador”. La tercera, financiar investigación con perspectiva de género sobre el coronavirus y sus consecuencias. Finalmente, la cuarta apuesta por traer “conocimiento y experiencia de género a los distintos grupos asesores y de toma de decisiones relacionados con la Covid-19, de forma que dichas decisiones tengan en cuenta los potenciales impactos de género presentes y futuros”.

El texto afirma que las organizaciones del sistema de I+D+i tienen “una oportunidad única para impulsar la transformación de sus culturas organizativas, estructuras jerárquicas y redes informales de poder, con el objetivo de erradicar las aún existentes desigualdades de género en ciencia e innovación”. El camino para hacerlo incluye la necesidad de involucrar a la comunidad científica en el diagnóstico de esta situación, impedir que la conciliación penalice las carreras científicas o el impulso de medidas de cambio organizativo y cultural que aceleren los avances hacia la igualdad real entre mujeres y hombres.
El informe concluye que “ante la tarea de captar y retener al mejor talento, y de frenar los estragos de la pandemia en términos de igualdad de género en la ciencia, todos los agentes del sistema tanto español como europeo de I+D+i deben coordinar esfuerzos en la misma dirección. Algunos de los efectos adversos requerirán medidas compensatorias de la desigualdad generada, mientras que otros aún se pueden evitar con las acciones adecuadas”. El documento completo se puede consultar en versión pdf aquí.

La Unidad Mujer y ciencia de Galicia recuerda a este respecto los principios que deben guiar el camino hacia una igualdad real de género. Dichos principios señalan que las mujeres y las niñas deben desempeñar un papel fundamental en la ciencia y en la tecnología, y que su participación debe fortalecerse. Además, es necesario seguir visualizando y difundiendo el trabajo de las científicas y fomentar la vocación investigadora de las niñas, poner en valor las mujeres científicas y su papel de referentes para las nuevas generaciones, lograr el acceso y participación plena y equitativa de la ciencia, mantener la lucha contra los perjuicios y los estereotipos de género que condicionan y limitan los estudios de las niñas y seguir avanzando en la incorporación efectiva de los criterios de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en el sistema gallego de ciencia para conseguir un verdadero cambio de paradigma en el mundo científico.