Igualdad STEM, un reto global

Stem

Detrás de unas siglas se pueden esconder muchas realidades. Y también desigualdades. Últimamente escuchamos hablar mucho de la importancia de la educación STEM. El acrónimo, acuñado por la National Science Foundation (NSF) de Estados Unidos en los años noventa del pasado siglo, se refiere a la necesidad de invertir en un nuevo modelo de formación basado en la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (Science, Technology, Engineering and Mathematics). El sistema apuesta por la interdisciplinariedad entre estas áreas, que se enriquecen entre sí mediante la práctica, con el objetivo de incluirlas en el currículum de Primaria y Secundaria. La propuesta se completó con la ampliación al arte de esta metodología, creando el STEAM, en el que además de las metodologías científicas se añade el pensamiento crítico y creativo de las artes.

El STEM es, por tanto, un nuevo paradigma educativo integrador, práctico, imaginativo y que construye habilidades para el futuro profesional de las niñas y de los niños. Sin embargo, y al igual que ocurre en otros ámbitos, existe una fuerte desigualdad de género en la formación en estas disciplinas. Una diferencia que impide la igualdad plena. La importancia de la formación científica y tecnológica de las mujeres forma parte de la agenda de los principales organismos internacionales, de la Unión Europea, de los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales. También es un reto de gran importancia para la Xunta de Galicia. No es para menos: en la educación está a clave del futuro.

Medicina, genética, química, robótica, física, matemáticas, electrónica, estadística o informática son solamente algunas de las disciplinas englobadas en las metodologías STEM. A nadie se le escapa la gran cantidad de empleos que generarán estas materias en un futuro próximo, más ahora con una pandemia que aceleró los desarrollos tecnológicos para posibilitar el funcionamiento económico y educativo en una situación de distanciamiento social. 
Se calcula que en los próximos diez años podría existir una bolsa de 650.000 empleos solamente en el ámbito de la digitalización. Sin embargo, en el informe Indicadores de género de la sociedad digital, publicado en 2020 por la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, se afirma que “las graduadas en carreras tecnológicas son muy escasas a nivel europeo y las españolas no son una excepción. En el extremo superior de la tabla figura Estonia, donde las mujeres graduadas en disciplinas tecnológicas alcanzan tan sólo el 2,2%. España está en la zona media baja de la tabla: solamente un 0,5% de las mujeres cursaron estudios tecnológicos”. En el ámbito profesional, solamente el 19,7% de las posiciones de especialistas en tecnología están ocupadas por mujeres.
Durante la pandemia, el número de personas que están teletrabajando creció en España. Antes de la Covid-19 (2019, según datos de Eurostat), únicamente el 4,8% de las y los trabajadores desarrollaban su profesión a distancia. Con unas cifras al nivel del resto de los países de la Unión Europea, en 2019 el 91% de las y los ocupados españoles nunca teletrabajaba, porcentaje que bajó al 84% en 2020. Curiosamente, a lo largo de la pandemia el número de mujeres que teletrabajan acabó por superar al de los hombres, lo que podría significar que las mujeres son las que tuvieron que hacer un mayor esfuerzo de conciliación de cargas laborales y familiares.
El cambio de paradigma hacia el enfoque STEM llega a toda la sociedad. El documento El desafío de las vocaciones STEM, publicado por DigitalES, señala que el 73% del estudiantado de secundaria tiene dificultades para entender las matemáticas. Y un 30% no cursó ninguna asignatura de tipo tecnológico. El 25% de las y los estudiantes afirmó que no seguiría su formación en materias STEM, como la ingeniería, porque desconocen las oportunidades laborales de este tipo de educación. El problema se dispara analizando las cifras de la presencia femenina. Si bien las mujeres son mayoría en el ámbito universitario (55%), su representación en las ingenierías no llega al 25%. El estudio señala además que se trata de una tendencia en negativo, con un porcentaje que podría disminuir en el futuro. Uno de los motivos que ayuda a elegir este tipo de carreras es la existencia o no de referentes: las mujeres que los tienen muestran un interés muy superior en el STEM que las que no cuentan con ellos (un 41% frente a un 26%). En este mismo sentido, el informe PISA revela que en 51 de los 67 países o economías que participan en él, los chicos expresan un mayor interés por los temas científicos que las chicas.

El informe de la Unesco Cracking the code: girls' and women's education in science, technology, engineering and mathematics, apuesta por examinar los factores que explican las diferencias de género en STEM: “los estudios sugieren que la desventaja de las chicas en STEM es el resultado de la interacción de una serie de factores integrados en los procesos de socialización y aprendizaje. Entre ellos figuran las normas sociales, culturales y de género, que influyen en el modo en el que las niñas y los niños se educan, aprenden e interactúan con sus padres, familia, amigos, profesores y la comunidad en general, y que conforman su identidad, sus creencias, comportamientos y elecciones”. Así, el sesgo de la autoselección, cuando una mujer decide no seguir una carrera STEM, es el resultado del proceso de socialización y de los estereotipos que se “transmiten explícita e implícitamente a las niñas desde una edad temprana. Muchas veces se educa a las niñas en la creencia de que las STEM son disciplinas masculinas y que la capacidad femenina en este campo es innatamente inferior a la de los hombres. Esto puede llegar a socavar la confianza de las niñas para dedicarse a las materias STEM”.

Tanto la familia como el ambiente educativo son fundamentales en esta cuestión. Los contenidos y los materiales de aprendizaje influyen en el rendimiento de las niñas en STEM. El documento concluye que “el sexo de los profesores de STEM también ayuda a marcar la diferencia. Las profesoras de STEM influyen positivamente en el rendimiento de las niñas y en su compromiso con este tipo de materias”. Además, “la experiencia de aprendizaje de las niñas en STEM se ve comprometida cuando los docentes tienen creencias estereotipadas sobre la capacidad en STEM en función del sexo o tratan a los niños y a las niñas de forma desigual en el aula”.
Distintos estudios sitúan el momento clave en la decisión sobre la formación STEM en la educación secundaria. Un trabajo realizado en el Reino Unido descubrió que a la edad de 10-11 años, chicas e chicos se interesaban por igual por la ciencia. Sus contenidos les parecían interesantes al 75% de ellos y al 72% de ellas. Sin embargo, a los 18 años ese porcentaje se redujo a un 33% en el caso de ellos y a un 19% en el caso de ellas. Otro estudio elaborado en Suecia determinó que las aspiraciones profesionales de la juventud se definen alrededor de los 13 años y que es difícil volver a atraer a las y los estudiantes a los contenidos STEM después de esa edad.
En la enseñanza superior, solamente el 35% de las y los estudiantes matriculados en las carreras vinculadas con las STEM son mujeres. Solamente el 28% de las investigadoras del mundo son mujeres. Según datos de la Agenda 2030, en España, solamente el 28% de las mujeres realiza una carrera tecnológica y solamente un 7% una ingeniería. Tres de cada cuatro alumnos matriculados en la rama de ingeniería y arquitectura son hombres. En informática, las mujeres representan el 12,9% de las matriculaciones. El Ministerio de Universidades señala que la presencia femenina es mayoritaria, sin embargo, en Ciencias de la Salud, donde suponen el 70,3% de las matriculaciones. Las estadísticas del INE también indican que, en el año 2018, la tasa de graduados de los hombres en ciencias, matemáticas y tecnología es superior al de las mujeres (36,6% frente a un 12,9%).

Con estas cifras, el principal reto es cómo fomentar las carreras STEM entre las mujeres. Es un compromiso necesario sobre el que ya llamaron la atención tanto la OCDE como muchas otras instituciones europeas y nacionales. El informe Empleo IT Mujer: 10 profesiones con futuro, de Infoempleo y UNIR, destaca la necesidad de atraer el talento femenino a este ámbito, desarrollando programas educativos que motiven a las adolescentes a seguir estudios STEM, reforzar la presencia de las mujeres en la formación profesional, crear programas de atracción de las mujeres a las escuelas de negocios y aumentar el número de mujeres encargadas de la formación técnica en los campus universitarios. Todo esto sin olvidar la necesidad de referentes femeninos, lo que se debe reflejar en un mayor número de mujeres en la dirección o en puestos de relevancia de empresas tecnológicas o científicas.

Programas

En la Comisión Europea existen programas dedicados a aumentar el atractivo de la educación científica, como Scientix o STEAM Alliance. Otros programas de interés son STEMadrid, de la Comunidad de Madrid, o el plan STEMcat, en Cataluña. En el ámbito privado también hay iniciativas como los programas de Microsoft, Stembyme de la Fundación Telefónica o la Aliança Stem de la Universidad Rovira i Virgili.
Otros proyectos se enfocan justamente en la motivación y ayuda a mulleres para que elijan estudios relacionados con STEM. Es el caso de la Alianza Steam por el talento femenino (Niñas en pie de ciencia), #girlsgonna (dirigido a la educación primaria), Girls who code (en el ámbito de la computación), Hypathia Project (para promover la ciencia y la tecnología en igualdad), Inspira STEAM, Inspiringirls, Made with code (para fomentar la pasión por la ciencia y la tecnología de las adolescentes) o MujeresTech. Muchas de estas iniciativas están recogidas por el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado en su proyecto Code Intef. Existen otros programas de interés en el ámbito de la mentorización, como MillionWomenMentors o Digigirlz.
La preocupación por las vocaciones STEM es también una prioridad en Galicia, especialmente en el ámbito de la Unidade de Muller e Ciencia, pero también de la Secretaría Xeral de Igualdade y del gobierno gallego de manera transversal. Esta cuestión centra el Programa Galego de Muller e Ciencia de la Xunta de Galicia. Ejemplo de este compromiso son, igualmente, iniciativas como #ApuntasTech, en el marco del proyecto europeo ICT-Go-Girls!; el proyecto Nin + nin -, iguais, que favorece el encuentro con mujeres singulares líderes en sus respectivos sectores; los programas ADA y DIANA; el Plan Proxecta para fomentar la innovación educativa en los centros o las líneas de actuación en el ámbito del emprendimiento femenino y la igualdad en el empleo de la Secretaría de Igualdade.
De gran interés es, por otra parte, el ciclo de conversaciones con mujeres referentes para impulsar las vocaciones STEM organizadas por Agasol y Amtega, por el que pasaron Rebeca Atencia, Begoña Vilas Costas o Rocío Martínez, por citar solamente algunos ejemplos. Esta iniciativa se enmarca en el Plan de Talento Dixital de la Xunta de Galicia, y concretamente en el programa GIRL STEM, para incentivar la vocación de las chicas en estudios científicos y tecnológicos. Finalmente, la visualización de referentes es una de las motivaciones del premio María Josefa Wonenburger Planells. El CiMUS de la Universidad de Santiago acogió hasta este mismo mes de marzo una exposición sobre cinco científicas de este campus que recibieron el premio.
La igualdad STEM es un reto complejo pero necesario para darle la vuelta a una situación que hace que las mujeres solamente sean el 33% de las empleadas de Apple (el 29% en puestos de liderazgo); el 37% en Facebook (34,2% en puestos de liderazgo) o el 31,6% en Google (26,1% en puestos de liderazgo), según un documento del BBVA. Además del porcentaje de mujeres en las empresas, se mantiene la diferencia en los salarios. Distintos estudios afirman que en distintas profesiones de informática e ingeniería, las mujeres pueden cobrar entre un 86% y un 93% de los ingresos medios de sus colegas hombres (datos de la Society for Women Engineers). Queda camino por hacer. Como dijo Begoña Vila en el acto en el que recibió el premio María Wonenburguer, es necesario seguir avanzando para que las futuras generaciones de mujeres “lleguen a ser lo quieren ser”.